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No solo la ciencia y los fármacos curan la salud mental, también las letras y la palabra

  • Una de las peores cosas que nos trajo la pandemia fue el aumento de las afecciones mentales y, paradójico, unas de las mejores cosas que nos trajo es que se empezara a hablar de ellas con menos prejuicios. La salud mental es tema recurrente este último año en los medios de comunicación abordándola desde distintos aspectos: psicología, medicina, educación, adolescencia, filosofía.. ¿Y por qué? Pues porque lo que pasa por nuestra cabeza se relaciona con todas estas disciplinas.

Por eso, cuando tenemos una patología mental, o la tiene un hijo o familiar, a veces se concibe el diagnóstico y tratamiento farmacológico como la meta. Y sin duda es un paso importantísimo e imprescindible muchas veces, pero hay otra batería de ayudas, que no solo vienen de la ciencia, que nos ayudan a llevar mejor la pesada mochila de una enfermedad mental. 

Por eso, uno de los debates celebrado en los Cursos de Verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) este verano «Ciencias y humanidades en salud mental. Diálogos posibles entre las dos dos culturas» nos ha parecido muy inspirador. El diálogo contó con el punto de vista siempre enriquecedor del escritor Juan José Millas, así como sus colegas Laura Ferrero y Jesús Carrasco, y con el contrapunto del psicólogo y director de recursos de atención social de la Fundación Manantial: Raúl Gómez. 

¿RAZÓN O EMOCIÓN PARA CURAR LA MENTE?

Para Raúl Gómez, cualquier paciente ha tenido que elegir alguna vez el camino de su tratamiento y estos suelen mostrarse diferenciados: «Tienes que decidir a qué profesional vas a ir, y esa decisión marcará mucho las posibilidades de recuperación que tenga. Y los pacientes muchas veces no tenemos la suficiente informaciónpara decidir entre un psiquiatra con un modelo más biologicista, donde la medicación va a ser el pilar del tratamiento, o a un modelo más psicoanalista donde la palabra va a ser el principal motor de cambio». Para este especialista la combinación de ambos sería lo más eficaz: «Encontrar un profesional que integre los dos modelos está demostrado con evidencia científica que es un buen punto de partida». 

Para el escritor Juanjo Millas esta división empieza en torno al siglo XVI cuando comienza la división entre la razón y la emoción. «Las ciencias y las humanidades que hasta entonces habían ido juntas se separan. Descartes habla ya del cuerpo como una máquina, y se empieza a pensar que la razón lo explica todo, con la ilustración llega a su cumbre y ya con la industrialización el divorcio es absoluto». 

HABLAR DE SALUD MENTAL NO PUEDE SER UNA MODA

Para el responsable de la Fundación Manantial ahora mismo el tema salud mental está «en la cresta de la ola», pero a su parecer esto también nos debe llevar a ser más cuidadosos que nunca sobre los aspectos y profesionales a los que se les da voz y foco. «Hay medios de comunicación que siempre llaman a los mismos especialistas para hablar de ciertos trastornos, y entonces parece que solo ese tipo de abordaje para ese problema». Por eso, es importante que se de voz a los dos tipos de abordaje, el más centrado en el fármaco, y el más centrado en la palabra, para mostrar que «ambos deben trabajar juntos», afirma Raúl Gómez. 

Juanjo Millas afirmó que vivimos en una cultura que fomenta modelos de conducta bipolares, «los superhéroes lo son», pasan de acciones grandiosas a vidas comunes, reflexionaba. Por último, el escritor Jesús Carrasco, animó a ser más sensibles y matizar mejor ciertas palabras que empleamos en las conversaciones particulares: «Ese es un pirado, o ese está loco» comentó, «son expresiones que usamos a la ligera y con carácter peyorativo. Pero luego por otro lado pedimos y buscamos que se normalice y dignifique vivir con una patología mental». Por eso, en lo que todos coincidieron es en que esto de «hacer caso a las enfermedades mentales» no debe quedarse en una moda, sino en una mirada mucho más digna hacia las personas que las sufren.